martes, 15 de julio de 2008


Tengo la sensación de estar viviendo la última vida.
Seguramente tuve siete como todos los gatos pero no me acuerdo de las demás y eso hace que esta me parezca que la vivo más intensamente o que debo vivirla más intensamente por ser la última.
Es una especie de trabajo forzado, como una obligación que a veces me agobia pero que me arrastra sin que yo pueda impedirlo.
Casi siempre me gustaría tumbarme panza arriba y mirar pasar las cosas como en el cine, desde afuera, o como se miran las nubes mientras se le buscan formas parecidas a otras cosas que no sean simples acumulaciones de agua.
Estoy convencida de que incluso la última vida de la que disponemos todos, hasta los gatos, no es más que una alucinación a la que no sabemos hacer frente para decirle que sabemos que es mentira y que pasamos de vivirla intensamente porque estamos seguros de que hay muchas más que intentarán engañarnos como ella lo hace.
Hoy quiero tumbarme al sol.

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