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jueves, 9 de diciembre de 2010

MEMORIAS DE UNA MUERTECITA-ITA

Capítulo sexto.


Ya vuelven. Me había quedado transpuesta porque aquí no se está mal del todo y al fin y al cabo se supone que ya estoy inmersa en el sueño eterno.

He soñado con maleteros llenos de jamones y chorizos y con palabras en Euskera muy mal pronunciadas. Ha sido como un dejá vú inexplicable. ¿Los difuntos soñamos?

Insisto que en que esto de estar difunta es muy, muy raro, pero bastante entretenido.
La gente entra frotándose las manos y resoplando. Deduzco tan sagaz como lo fui siempre que es porque hace frío.
¿Pensareis que es fácil verdad? Pues no lo es tanto cuando tu termostato interno está en of y empiezas a no sentir ni frío ni calor y lo tienes que deducir todo no sé bien por qué recursos.
Me parece que oigo y veo, pero no puede ser porque me taponaron los oídos con algodones porque sangraban después de lo de las ovejas y me cerraron los ojos así como en la pelis con una especie de caricia. Me los cerró el pastor dueño del rebaño asesino y lo sé porque yo todavía veía un poco aunque borroso. Su mano era tosca, grande y nada suave. También recuerdo que sus perros ladraban de una forma especial.
Y es que los perros presienten la muerte y ladran o aúllan de diferente forma cómo anunciándola.
En mi pueblo las campanas tocaban a muerto y su tañido era lastimero, tan triste como el aullido de un perro.
¿Sabrán en mi pueblo que me he muerto? ¿Sabrán que he llevado su nombre con orgullo por la Blogosfera? ¿Sabrán que si pones Bletisa en Google también salen referencias a mí?
Supongo que no y que además les importa tres pitos la blogosfera y su señora madre, porque en mi pueblo somos muy nuestros y el Tormes y ser de Salamanca imprime carácter.
Recuerdo personajes tan importantes nacidos en Salamanca como lo son Lázaro de Tormes que es el que más me gusta o Carmen Martín Gaite, Juan Del encina, Diego de torres Villaroel, Francisco Rodríguez Adrados con el que estudie Latín cuando todavía se estudiaba latín, Vicente del Bosque que es bien majete y ha llevado a la selección a ser campeona del mundo, Abrahan Zacut… y etc, etc
Y qué decir de Miguel de Unamuno, Fray Luís de León o de Torrente Ballester que aunque no nacieron allí fueron ciudadanos ilustrísimos.
Siempre estuve orgullosa de mi pueblo, de haber nacido en Salamanca y espero que los míos- y ya es un plís-plás- lancen mis cenizas al Tormes cómo les tengo dicho.
Me gustaba tanto el río.

…continuara?

lunes, 29 de noviembre de 2010

MEMORIAS DE UNA MUERTECITA-ITA

Capítulo cinco


Se me empieza a afilar la nariz, yo que siempre la tuve gordita y redonda cómo el resto del cuerpo. Las livideces me empiezan a dar ese color azulado que tan bien me ha sentado siempre y con el que aparezco en todas las fotos de mi infancia, sabedora mi madre de que su única niña así vestida estaba muy guapa.

Es curiosa esta sensación que tengo y que no sabría explicar, de verme desde fuera como en un espejo.
Y hablando de mi madre. No la veo por aquí, ni a mis hermanos, ni a mi padre, ni a mis hijos. No hay nadie de mi familia y eso es rarísimo.
Sólo caben dos o tres posibilidades: O se han ido a comer ¿qué hora será? o hicieron caso de mis penúltimas voluntades y nunca me hicieron funerales, o me he muerto ancianísima y no me queda nadie y todo esto mío no es más que un delirio postmorten raro e inexplicable.

La muerte es sin duda un evento en la vida de lo más raro e inexplicable. Porque estás tan contento o tan triste- o las dos cosas a la vez- y de repente te mueres y se acaba todo. Morirse es el último acto estúpido del cualquier ser vivo que además aceptamos sin decir ni mú.
Habría que sobreactuar cómo los malos actores, patalear, resistirse, agarrarse a las faldas de la vida llorando e implorando como los niños a las faldas de su madre el primer día de escuela. Estoy segura que alguna vez surtiría efecto si lo intentáramos con todas nuestras fuerzas.
No creo mucho en los espíritus pero si los hay es porque lloraron mucho y la vida les dejó quedarse de alguna forma medio flotando por ahí y dando la turra a los del todo vivos. De ahí que sintamos presencias raritas e inexplicables muchas veces.

El silencio es sepulcral y nunca mejor dicho. Llego a la conclusión de que es la hora de comer (el muerto al hoyo y el vivo al bollo) Me empiezo a aburrir,  tengo un hambre que me muero (otra vez) y nadie se asoma a mirarme.
Espero que al menos brinden por mí estos ingratos.

domingo, 7 de noviembre de 2010

MEMORIAS DE UNA MUERTECITA-ITA (Folletín por entregas)

Capitulo cuarto.


La muerte me está sentando muy mal, tengo vahídos y me muero de calor en esta bolsa tan fea de la que asomo sólo la cabeza. Hasta veo cosas y personas como Aurorita que ya no son ni están.
Creo que me empiezo a desvariar porque sentado al fondo y sólo, veo a Jaime Limón de Tostar que es un poeta también un poco enfermo al que se le ocurrió plagiar a poetas de Internét y que la lió parda.

Lo echaron de todos los foros, de todos los sitios mientras él, lenguaraz, desorganizado y con su delirio de grandeza, mandaba miles de correos repetitivos a toda la Red diciendo que era el mejor poeta de todos los tiempos y que en lugar de reproches merecía reconocimiento y agradecimiento por su heroica gesta al recopilar en la mejor ciberantología poética del mundo mundial a poetuchos de tres al cuarto y además darles su nombre.
Siempre sentí un enorme afecto y admiración por él a pesar de que cuando hablábamos me insultaba continuamente  con acento del otro lado del charco. Mantenía la creencia infundada de que lo habían echado de un foro muy importante para él por el gran poder que yo ostentaba allí, cuando no era así y prueba de ello es que me largaron  también a mí a la  primera de cambio y en cuanto discrepé abiertamente con su dueño y señor por decirle que no es conveniente escribir nada y mucho menos insultar la inteligencia de los demás estando pasadito de copas.
Creo de verdad que de no estar enfermo sería sido un gran poeta, que lo es incluso estando enfermo pero que tiena que reconducir su creatividad, su sensibilidad y ordenar los miles de versos que como un vendaval desperdiga. Todo en él es un caos y no puede evitarlo.

Los versos más bonitos que nunca he leído son de Limón de Tostar
Los que supieron separar el asunto del plagio masivo a poetas de internet, de su indudable pero caótica calidad como poeta, estarán de acuerdo conmigo.
Nunca me plagió nada y no porque en el fondo me tuviera cariño- que me lo tenía- sino porque me consideraba una pésima poeta. Es un tipo muy listo y seguramente tenía razón.
Me sigue conmoviendo la enorme soledad a la que cómo cualquier enfermo mental se enfrenta día a día.
Si pudiera me levantaría para abrazarle.

...continuará.

jueves, 4 de noviembre de 2010

MEMORIAS DE UNA MUERTECITA-ITA ( Folletín por entregas)

Capítulo tercero.


Afortunadamente no todos eran Clodomiro y también habían venido a verme otros compañeros de los que aprendí que la enfermedad mental ya lleva implícito mucho más sufrimiento que otro mal cualquiera por lo que no tenía sentido aumentarlo con normas demasiado estrictas, con prohibiciones de todo tipo, por muy establecidas que allí estuvieran, debido sobre todo a las malas costumbres aprendidas y arraigadas porque habían pasado de padres a hijos sobre todo en el personal no sanitario. Era común que por enchufe en otros tiempos, allí entraran a trabajar hijos de padres a su vez enchufados sin ninguna formación específica, casi siempre venidos del campo.

No todo el mundo puede ni debe trabajar en enfermedad mental porque además de un carácter determinado, sobre todo por la alegría, la empatía y la compasión, se necesitan conocimientos especiales para poder comprenderla, tratarla y cuidarla.

Aurorita era una enfermera que mucho antes de que yo llegara al manicomio ya me había transmitido en conversaciones de pasillo o de cafetería su pasión por la profesión enfermera en este campo sembrado de “locos” y de cómo ellos le habían forjado un carácter amable, risueño y vital en aquella mujer de apenas uno cincuenta a la que jamás ni un enfermo osó agredirla por muy agitado que estuviera en ese momento, siendo por el contrario queridísima entre los enfermos.
La población enferma siempre es la misma por tratarse de una enfermedad crónica y entran y salen de la unidad como por una puerta giratoria toda su vida hasta que fallecen. Esto crea unos lazos de afecto o de odio entre cuidadores y cuidados donde los cuidados llevan siempre las de perder en caso de no conexión.
Aurorita conectaba cómo por arte de magia.

Juro que la vi y que asomó la cabeza para mirarme pero no podía ser porque Aurorita había fallecido unos años antes que yo y muy joven en un accidente de tráfico que conmocionó a todo el hospital.
Fue una gran perdida.


….continuará.

viernes, 29 de octubre de 2010

MEMORIAS DE UNA MUERTECITA-ITA (Folletín por entregas)

CAPITULO SEGUNDO.

Mientras intentaba olvidar mis últimos instantes por feos y poco elegantes para una señora como yo, nacida en una familia de alcurnia y rancio abolengo, miraba cómo dije antes a través de los párpados, rogando que mi descomposición no fuera perceptible al olfato de aquellos que asomaban la cabeza para verme por última vez, no fuera que cerraran la tapadera y me quedara a oscuras y sin entretenimiento.
Se iban asomando con cara compungida y brevísimamente sin decirme ni siquiera hola.

Estaban todos. Sí todos los que esperaba que estuvieran; no faltaban ni aquellos compañeros de trabajo que nunca me tragaron por el simple hecho de hacer las cosas de forma diferente. Yo no digo ni mejor, ni peor si no diferente.
A la gente no le gusta que hagas las cosas de forma diferente, ni que te rías demasiado, ni que llores demasiado, ni que subas o bajes si ellos no suben o bajan. Nada, no les gustas nada si haces las cosas sin fijarte en como las hacen ellos desde hace mil años.

Se asomó Clodomiro que es altísimo y fue jugador de Baloncesto en sus tiempos jóvenes y que por costumbre también en sus tiempos jóvenes había aprendido de su padre a inflar a hostias a todos los enfermos si se ponían farrucos. Es cierto que entonces en muchas ocasiones no había más remedio que utilizar la fuerza a falta de medicamentos, pero de ahí a darles una paliza o duchas frías va un trecho que nunca entenderé.
Siempre me miró desde su uno noventa y cinco con cara de mala leche cuando nada más llegada y a estrenar en el mundo del psiquiátrico, novata yo hablaba con los enfermos o accedía a sus peticiones pero por el simple hecho de que me parecían razonables y nada extravagantes,  y no por llevarle la contraria como estoy segura que pensaba.
  No dijo nada pero creo que se alegró mucho al verme allí tumbada sin necesidad de su intervención. Más de una vez le habría gustado tumbarme y verme desnucada de un puñetazo. Lo se porque aprendí de los enfermos cuando están agresivos la expresión de contención que tienen en los ojos. Él siempre me miro así, contenido.

....continuará.

viernes, 22 de octubre de 2010

MEMORIAS DE UNA MUERTECITA-ITA (folletín por entregas)

CAPITULO PRIMERO


Ayer asistí a mis sepelios.
Suena bien esto de sepelios, vamos, mucho más que decir funerales, entierro o “palmatoria” como dicen algunos chulitos para quitarle hierro y hacer una gracieta cuando en el fondo están acojonaitos con esto de morirse.
Yo allí tumbada boca arriba con los ojos cerrados, muy modosita, miraba sin mover la cabeza a través de los párpados. La gente entraba y salía, se saludaban con efusividad y charlaban animadamente. Aquello no parecía un entierro porque nadie lloraba ni decía ay qué pena tan grande, ni pobrecita, ni era más buena que el pan.
Ganas me daban de levantarme de repente y decir ¡tatachammmmm! para unirme a las charlas y beber Cocacola y saludar a toda la gente que hacía mil años que no veía.. Pero claro, estaba muerta y nadie espera que un muerto diga tatachan ni nada de nada.
  Opté por quedarme allí sin hacerme notar a pesar de que me dolía muchísimo la espalda porque tenía artrosis y mis familiares habían decidido que con una caja barata iba que chutaba. Me moría (más si cabe) de calor con aquellos velones inmensos de luz eléctrica que había puesto la funeraria en las cuatro esquinitas de mi postrera cama. Tenía un sudor-eso sí, frió- que empezaba a empapar aquella bolsa horrible con la que me habían vestido.
   Me habría gustado ser una difunta coquetona, bien arregladita y haber ido el día anterior a la peluquería para teñirme las canas, pero a veces estas cosas te pillan de repente y nunca mejor dicho en este caso porque mí óbito se debía al atropello de un rebaño de ovejas desbandadas que me confundieron con vaya usted a saber. Bueno a eso y a mis incontenibles ganas de orinar y a mi infeliz idea de aliviarme agachada entre unos matojos. Las ovejas son de ideas fijas y si dicen que pasan por allí, pasan por allí.
Allí estaba yo con las bragas por las rodillas, en cuclillas y claro…….pero no entraré en detalles porque el fin de mis días no fue nada elegante ni digno de mencionar más que de pasada.

....continuará.