martes, 13 de enero de 2009

DEL ÓBITO DE PUN, DE MI SAGACIDAD.


Pun es un tipo raro que dice vivir en no sé cuantos sitios, bueno vivía porque se ha muerto sin mi permiso.
Se tiró desde un viaducto después de leer a Pérez Galdós e imitando a esos personajes suyos que se suicidaban siempre desde un viaducto.
Cayó sobre un coche negro, que es un buen color para estos asuntos fúnebres. Ahí estuvo acertado.


Pun era mío y le había puesto ese nombre tan bonito, tan corto, tan impactante como un tiro, porque él era así.
Dice haberse reencarnado en Desamparo Delgado que suena fatal y triste y ha dejado a este neonato tipo como heredero universal de sus poemas. Ni uno ha dejado a Bletisa a pesar de sus desvelos, de ser su creadora y manager.
Y es que los personajes en cuanto pueden se escapan de sus autores para tener vida propia o como en este caso muerte propia aunque sea tan poco original al elegir un viaducto para su óbito.


Si me hubiera consultado le habría recomendado otras formas de suicidio con más enjundia como por ejemplo morir como las cucarachas a base de polvos o de malnutrición a base de zampar napolitanas de chocolate metido en la cama como Onetti al que tanto admiraba.
Se me ocurre también lo de las mandarinas, o aplastado por lo tullidos que hacen carreras para bañarse en el mar a las ocho de la mañana……..miles de formas originales se me ocurren, miles.


El caso es que ha muerto ""dice"" ( ojo a este dato) y convendréis conmigo que esto es muy raro, muy, muy raro, porque los muertos no hablan. Los muertos no dicen, ni se ponen ridículos nombres parafraseando al de la autora de sus días.


Mmmmm… me asalta la sospecha de que tal vez esté fingiendo para librarse de mí y es que cada día soy más sagaz y él no lo sabe.

Cada día me parezco más al dr House.

3 comentarios:

Ignacio dijo...

Así, a lo Pirandello, donde los personajes son muy suyos. Lo del viaducto sí que es galdosiano (San Benito Pérez), pero mejor es la anécdota del suicida que mató a un panadero que pasaba por debajo, salió ileso y luego le condenaron a muerte (bonita estupidez para un suicida).

Ya nos tendrás al tanto de sus vicisitudes y sus engaños.

Un beso (¿o eran dos?).

Bletisa dijo...

Si es que los suicidas no sopesan las consecuencias de sus actos, son muy alocados, ya te digo.

En cuanto resucite, le pregunto y te cuento.

Eran dos Ignacio, no me seas rata.

Estrada dijo...

Vaya...

Que chido es pasar por aqui Amparo

Abrazos!!!

Ik