jueves, 30 de octubre de 2008

CARTAS


Hoy he leído un poema de José Manuel Saínz en http://www.editorialalaire.com/viewtopic.php?t=3956 que me ha hecho recordar.




Es verdad que ya nadie escribe cartas de puño y letra; yo tampoco. Es más fácil y rápido hacerlo vía mail y se ha perdido para siempre el encanto que tenía abrir el sobre con cuidadito y leer y oler aquel papel escrito de puño y letra de alguien casi siempre conocido.
Bajar corriendo a ver el buzón en cuanto llegaba el cartero por ver si había algo, era un ritual cuando estaba enamorada o en época de exámenes.
A mis hermanos y a mí nos enviaban las notas del instituto por correo y volábamos escaleras abajo pertrechados de una pinzas largas de cocina para sacarlas antes de que las viera nuestra madre por si las noticias no eran buenas y había que falsificarlas. Nunca tuvimos llaves y había que hacer malabares esperando que la Sra Rosa, la portera, no nos pillara en plena faena y se chivara corriendo. La Sra. Rosa era portera de profesión y de condición y claro, estaba dotada de un finísimo oído y de unos ojos telescópicos que abarcaban todo, todo, todo lo que ocurría en el portal, en el patio y en todos sus dominios. Era odiosa y una chivata.

Hubo otro tiempo en el que yo recibía cartas a diario escritas con la misma letra y con olor a un perfume que se llamaba Agua brava y que estaba muy de moda por entonces.
Eran de mi novio que estaba haciendo la putamili (así la llamaba él) muy lejos, en Melilla y que empezaban siempre igual:
Querido amor mío (éramos muy cursis ) dos puntos …Hoy …. Y pasaba a relatar lo mal que lo trataban y las marchas nocturnas o que se había mareado fumando un porro en una noche de guardia.
Acababan llenas de abrazos y besos y de dibujos cómplices. Y de “tengos” muchas ganas de ir a Madrid a verte y de hacer el amor contigo aunque sea en casa de Teresa
hasta que tengamos dinero..

Me gustaban tanto esas cartas que las guardé durante años escondidas para que nadie las leyera en el cajón de la ropa interior debidamente atadas con una cinta (ya digo que éramos muy cursis) para que mi madre que con los hijos tenía vocación de portera, de Sra. Rosa, no las leyera. En un cambio de domicilio o por algún misterio (no quiero pensar mal de mi madre) las cartas desaparecieron y con ellas la constancia escrita de puño y letra de un tiempo de rosas.

Las cartas que recibo ahora son del BBVA o de Iberdrola o del desgraciado Vodafone, de hacienda, del colegio profesional para que pague la cuota y de gente impresentable como esta.

Ya nadie me escribe cartas como aquellas. Ni siquiera para ponerme malas notas.

1 comentario:

dijo...

Bueno, he de admitir que yo nunca he recibido una, recuerdo que en la escuela, tenia que mandar una carta como tarea escolar, pero eso fue todo, mas nunca recibi respuesta.

Supongo soy de una generacion que no recurrio a ese medio para comunicarse y no sabemos de esa sensacion...

Pero me imagino lo emocionante que debe sentirse recibir una...

Me gusta mas la forma en la que tu lo describes...

Abrazos

Bismark