jueves, 11 de junio de 2009

LA RADIO.




Soy adicta a la radio desde que me conozco.
Recuerdo el primer transistor de color azul marino que me trajeron Los Reyes Magos cuando cumplí 9 años.
En aquel tiempo mis tres hermanos y yo nos íbamos siempre a la cama prontísimo por decreto de mi padre- dueño y señor del cotarro familiar- que no consideraba ni de lejos la posibilidad de que los niños vieran las televisión más allá de las diez de la noche cuando la pantalla se llenaba de rombos anunciadores de las más brutales perversiones en series como Historias para no dormir, o Los Vengadores, o cosas parecidas.
Protesté esa norma siempre intentando escaparme de mi padre y sus circunstancias a la casa de la Sra Pilar que tenía un marido aburridísimo y gordito que se llamaba Cruz como una chica. A ella no le importaba nada que acomodara mis nueve años en su sillón mientras que ella cosía vestidos a máquina y hablaba y hablaba.
Yo muy educada y pequeñita le decía que si, si, siempre sí, puestos los ojos y el alma es aquellas historias tan prohibidas y preciosas.
Mi padre rectísimo dejó de ceder un día y me prohibió la casa de la Sra Pilar y su televisión tan interesante como perversa.
Aquel aparatito de radio azul marino se erigió y para siempre en sustituto de la televisión.
Ahora y después de por lo menos mil años, la Radio sigue siendo mi compañía en todas las noches de insomnio que me ha impuesto la vida.

4 comentarios:

Blog A dijo...

Que tierna criatura describes.. si, recuerdo esos rombos y escondeme detras dela puerta para ver por la rendija historias para no dormir, y me dormia con la radio.

Adolfo Payés dijo...

La radio.. me gusta igual..

saludos fraternos con mucho cariño
un abrazo

besos


que tengas un lindo día

Bletisa dijo...

Tu y yo debemos ser de la misma quinta ajajaja.
¿ A que sí A?

Bletisa dijo...

Lo mismo te deseo Adolfo.

Un beso.