Yo no soy tu hombre, me dijo. Tú necesitas un tipo con un
perfil diferente.
De paso me habló de sus amantes. Casualmente todas están casadas con maridos ciegos.No puedes ser mi hombre es verdad, le dije, yo tampoco cumplo tu perfil. No tengo un marido ciego. No tengo ni siquiera un marido.
Le miré fijamente a los ojos y recordé ese refrán que dice que en el país de los ciegos el tuerto es siempre el rey.
